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Estrategias de inversión en bolsa


Invertir en bolsa no es como una inversión en un depósito o en un plazo fijo tradicional en los que es habitual saber la rentabilidad que se va a obtener durante un período determinado de tiempo. Tampoco es como un fondo de inversión, aunque la remuneración que se obtenga esté vinculada a la evolución de Ibex 35 u otros índices bursátiles o determinada cesta de valores.
La inversión en bolsa es bastante diferente. Y, sobre todo, debe basarse en dos pilares: paciencia y estrategia. En relación al primer factor, realmente, no hay mucho que hacer aunque, si se es impaciente, seguramente se vivirá más de un sobresalto o se empezarán a hacer cambios en la toma de decisiones que no siempre serán los más adecuados para obtener rentabilidad. Sin embargo, sí se puede trabajar y diseñar una estrategia que permita convertir la inversión en ganancias.

Nunca es recomendable invertir en bolsa sin tener una estrategia. Aunque, como todo lo relacionado con el mundo bursátil, nada es totalmente predecible ni exacto ni funciona al 100%, pero se pueden sentar unas bases para conseguir el objetivo y triunfar en el parqué.

Evidentemente, para estos casos, la experiencia siempre es un plus y viene muy bien para preparar la estrategia que se va a seguir y no ver mermada la cantidad que se ha invertido. Ahora bien. ¿Cómo hay que elaborarla? ¿En qué hay que fijarse para invertir con éxito en bolsa? Son muchos los aspectos a los que se debe prestar atención. Vamos uno a uno.

Preparar la compra

En bolsa se puede operar tanto a corto plazo como a medio y largo plazo. La estrategia a seguir en estos casos es diferente para tomar la decisión de compra. Por ejemplo, para operar a corto plazo –comprar y vender rápidamente-, cualquier momento puede ser idóneo para adquirir los valores y poder ir ganando algunas cantidades de dinero.


La clave en este caso es comprar aquellas acciones que muestran una clara tendencia al alza. Pero también hay que hacer cuentas porque no hay que olvidarse de que se debe obtener una ganancia que permita cubrir la parte correspondiente a Hacienda, los gastos o comisiones de la operación, recuperar la cantidad que se ha invertido y tener beneficios.

Para ello, un buen consejo es fijarse en la primera resistencia, que es un precio por encima del actual, que se refleja en las gráficas como máximos anteriores que ha alcanzado esta cotización. ¿Y por qué es importante? Muy sencillo: para comprobar que el valor que se compra, a parte de esa tendencia alcista, tiene distancia a esa primera resistencia, lo que permitirá recuperar la inversión y ganar dinero.

Cuando la inversión es a medio plazo (entre dos y cinco años aproximadamente) o bien a largo plazo (alrededor de entre cinco y diez años), la decisión de comprar un valor es más compleja porque no todo momento puede ser bueno para adquirir una determinada acción de una compañía. En estos casos, se debe hacer un análisis más detallado de los valores para evitar comprar aquellos cuya tendencia alcista está más agotada o próxima a agotarse y que ya llevan tiempo subiendo. En ocasiones, en los medios de comunicación o bien en los comentarios de algunos analistas se pueden encontrar recomendaciones para comprar estos valores para este tipo de inversiones, aunque no es lo más conveniente. Es mejor desconfiar de esos consejos.

En la decisión de la inversión y en la estrategia a seguir hay otros aspectos de los valores que se tienen que tener en cuenta. Por ejemplo, nunca es aconsejable comprar aquellas acciones de las compañías que están a punto de entrar en concurso de acreedores o de bajar la persiana.

La información sobre la evolución y estado de la compañía se puede obtener a través de varias vías. Una de las más recomendables es entrar en la página de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en la que se puede realizar una búsqueda por entidades. De cada una de ellas, se accede a datos de interés como los balances, hechos relevantes, cuentas de resultados…

Pero, ante tanta avalancha de información y de datos, ¿realmente en qué hay que fijarse? Uno de los datos principales es el beneficio neto de la empresa sobre el que se debe analizar si va mejorando cada trimestre o bien se registran pérdidas, va empeorando la situación económica de la compañía…


El EBITDA o resultado bruto de explotación es otro de los datos que no se pueden obviar. ¿Cómo se maneja? Muy sencillo: hay que fijarse en las veces EBITDA a las que se valora la sociedad. Un dato que, sobre todo, se tiene que tener en cuenta en la salida a bolsa de la compañía. A modo orientativo se puede decir que un buen ratio es nueve veces EBITDA. Nunca se debe invertir cuando esta variable es muy alta y alcanza niveles de 30 ó 40 veces EBITDA.

Otro de los puntos a los que hay que prestar atención es el del nivel de deuda, siendo recomendable que aquellas a corto plazo sean inferiores al activo circulante con el que la empresa les vaya a hacer frente.

Y, finalmente, está el apalancamiento. Este componente es otra de las claves porque refleja el peso que tiene la deuda con coste en el balance de la empresa. A modo orientativo, para decidir si comprar o no sus valores, se puede decir que las deudas no tienen que sobrepasar el 60% del pasivo.

En la estrategia a diseñar también se debe tener en cuenta el precio de compra del valor. Es fundamental porque, si se adquiere cuando la acción está muy alta, será difícil encontrar a un comprador interesado en comprar el valor, por lo que la inversión deberá plantearse más a largo plazo.

Además, antes de comprar, hay que atender a otros datos. Uno de ellos es el denominado PER (Price Earning Ratio), que se calcula fácilmente haciendo una división de la cotización entre el beneficio por acción. Dejando a un lado los tecnicismos y para comprenderlo de una manera clara y más práctica, se puede seguir la pauta de que el valor es barato cuando el PER se sitúa por debajo de diez veces el beneficio por acción. Por el contrario, cuidado con que ese diez se convierta en un 30, 40 e, incluso más.

Y ojo con aquellos valores que pueden parecer auténticas gangas porque están bajos. Aquí pueden producirse dos situaciones. Una de ellas es que esta bajada responda a un contexto general de caída en la bolsa, lo que no sería tan dañino para el inversor porque los valores se irían recuperando.

Sin embargo, puede darse otro contexto y es que el valor esté bajando por sí mismo. En estos casos, se deben extremar las precauciones y no lanzarse a comprar porque puede haber algún motivo detrás como que la compañía empiece a atravesar algún problema que todavía no se ha reflejado en su balance o comunicado como hecho relevante, el cierre de alguna compra u operación… Ante estas situaciones, la paciencia es el mejor aliado. Esperar a que pare la tendencia bajista será una buena opción y, una vez se haya producido, se debe observar el valor, ver qué soporte tiene y si, realmente, existe de nuevo una tendencia al alza. Aunque esa espera suponga tener que comprar la acción un poco más cara, realmente es más beneficioso porque se corre menos riesgo en la inversión.

La venta

Y si hay que saber qué comprar y cuándo hacerlo, también se debe tener una estrategia para vender tanto en el momento adecuado como la acción adecuada. Esta decisión normalmente suele ser más difícil porque siempre se piensa que, a lo mejor, el valor puede subir más y que se podría ganar más dinero que el que se obtendría en ese momento.

Para decidir más fácilmente, una opción es el denominado stop profit o stop de beneficios, es decir, marcarse una cantidad de beneficios con las que se aseguran las ganancias y con la que la acción se pondría en venta una vez alcanzado ese valor, que se situaría por encima del precio de compra. Por ejemplo, de una manera práctica, sería un supuesto en el que se ha comprado la acción a 9 y se vende por 10.

Pero cuidado porque, a la hora de marcar el stop profit, no hay que olvidarse de las comisiones y del pago a Hacienda porque, en caso contrario, se podría haber vendido pensando que se ha ganado dinero cuando, en realidad, los gastos y los impuestos se estarían comiendo las ganancias y con la operación realizada se habría podido entrar inlcuso en pérdidas.

Ver el momento adecuado para la venta también es complicado cuando se trata de valores que no están generando ganancias. Aunque se ha de ser consciente de que, al invertir en bolsa, se puede perder dinero, siempre es bueno fijarse previamente una cantidad que sería posible asumir como pérdidas.

Así será más fácil decidirse a vender, pero no antes sin comprobar que realmente es una tendencia a la baja y que este valor no está en vistas de crecer. Es decir, la bajada de la acción de un día o dos concretos o por una caída generalizada en la bolsa, no implica que de forma inmediata haya que vender y deshacer la inversión. De nuevo, la máxima a seguir es paciencia y análisis.

Y, con estas premisas, listos para empezar a operar en el mercado bursátil en el que también muchas veces el factor suerte es fundamental y, realmente, es el que determina las ganancias o pérdidas.

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