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Invertir en opciones y futuros financieros


Las opciones y futuros son otras de las alternativas que un inversor puede tener en cuenta a la hora de tomar sus decisiones de inversión. En ambos casos, estamos hablando de productos derivados, que tienen una cierta complejidad tanto en su operativa como a la hora de comprender su funcionamiento. De hecho, quizá estemos ante los productos más complicados.

De forma sencilla, podemos decir que forman parte de los productos derivados porque su valor depende de la evolución del precio de otro activo, que es el que se conoce como ‘activo subyacente’ y que puede ser una acción, un valor de renta fija, una divisa, materias primas, cesta de acciones… entre otras posibilidades.

Este valor y la relación con la evolución del precio de otro activo pueden parecer a priori fácil, pero no lo es porque hay que tener en cuenta muchos factores que entran en juego, además de su propia operativa y mecanismos de inversión.

Y es que el derivado es una contratación que se realiza hoy –momento en el que se especifican todos los detalles-, pero la transacción se lleva a cabo en una fecha futura. Es decir, es como un acuerdo de compraventa que se va a materializar en el futuro, siendo uno de los ejemplos más claros y que habitualmente se ponen el de la compra de una vivienda en un día concreto y su entrega en una fecha posterior. Sin embargo, esta operativa conlleva una serie de particularidades y de riesgos y no es tan fácil como la adquisición de un piso.


El riesgo de estos dos productos –cuyo supervisor es la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)-, es elevado, a pesar de que inicialmente no se necesita una cantidad elevada para invertir si se tiene en cuenta la exposición al subyacente. El riesgo viene porque la inversión realizada puede multiplicarse. Y aunque, en un principio, suena muy atractivo, lo cierto es que esta multiplicación es posible que arroje un resultado positivo y se gane dinero, o bien negativo y perderlo.

¿Pero cómo se negocian estos productos derivados? En el caso de España, está establecido que el mercado oficial tanto de futuros como de opciones es del MEFF (Mercado Español de Productos Financieros Derivados), que es donde se negocian sobre el IBEX 35 y sobre acciones. También se lleva a cabo la negociación de algunos futuros sobre renta fija o Bono 10.

La negociación de opciones y futuros tiene que hacerse siempre bajo un intermediario autorizado y que debe necesariamente ser miembro del mercado MEFF. Es importante comprobar estas premisas antes de hacer la inversión y solo operar con entidades autorizadas para evitar problemas y posibles fraudes.

Además, en la elección del intermediario también es importante fijarse en las tarifas y en el servicio que se ofrece, ya que en este tipo de inversiones es clave disponer de información en tiempo real –sobre todo en el caso de los vendedores-, y que el mecanismo para realizar las operaciones sea rápido.

Las condiciones de los contratos son estándar, lo que significa que el inversor no puede modificar el importe nominal ni la fecha de vencimiento ni tampoco el activo subyacente. No obstante, el contrato es posible venderlo y comprarlo en cualquier momento de la sesión de negociación, no siendo preciso esperar a que llegue la fecha de vencimiento.

La inversión en estos productos derivados presenta también otra serie de particularidades en comparación con otras inversiones. Por ejemplo, se requiere hacer un depósito de garantías –suele ser una cantidad en efectivo o en acciones del IBEX 35-, en señal de compromiso y de que se van a cumplir las obligaciones de pago.


Las garantías mínimas están establecidas por el MEFF, aunque cada intermediario puede aumentarlas. Y este es un dato igualmente clave y a tener en cuenta antes de operar porque, a más garantías, más patrimonio disponible quedará inmovilizado. Las garantías depositadas se devuelven cuando hayan finalizado las obligaciones ante la Cámara de Compensación y Liquidación, que se creó con el objetivo de garantizar que compradores y vendedores puedan ejercer las operaciones que se hayan pactado.

Pero, además, de estos aspectos comunes, opciones y futuros presentan también algunas diferencias entre ellos que conviene tener claras antes de tomar la decisión de invertir y realizar estas operaciones.

Opciones

La opción puede definirse como un contrato que conlleva un derecho para el comprador y también una obligación para el vendedor, de manera que se compra o se vende una determinada cuantía del activo subyacente en un plazo que se ha especificado y con un precio que se ha acordado previamente, que se conoce como ‘precio de ejercicio’.

Dentro de las opciones, hay varios tipos que se clasifican en función de diversos criterios. Por ejemplo, si se atiende al tipo de derecho que otorgan, se puede hablar de opción de compra o call u opción de venta o put.

Las opciones de compra o call son aquellas en las que el comprador tiene derecho, pero no la obligación, de adquirir el subyacente a un precio determinado en la fecha de vencimiento que se haya fijado. Por su parte, la opción de venta o put implica que el comprador tiene el derecho, pero tampoco tiene la obligación, de vender el subyacente al precio determinado y en la fecha de su vencimiento estipulada.

Las opciones también se clasifican por el momento en el que pueden ejercerse. En este caso, podemos hablar de la opción americana y de la opción europea. La primera de ellas –la opción americana-, puede ejercerse en cualquier momento hasta la fecha de su vencimiento, mientas que la opción europea solo es posible ejercerla en la fecha del vencimiento.

Al llegar la fecha de vencimiento especificada en el contrato, el comprador tiene que decidir si quiere o no ejercer la opción, según le interese o no. Es decir, tomará la decisión en función de la diferencia entre el precio fijado para la operación y el precio que tenga el activo subyacente en el mercado en ese momento. No obstante, cuando se ha comprado o vendido una opción y se ha pagado o ingresado la prima, es posible negociarla sin tener que esperar a la fecha de ejercicio, siendo habitual que las opciones no se mantengan hasta su vencimiento.

Para aclarar esta operativa, hay que saber que el precio de la opción es el que el comprador paga por tener ese derecho. Esto es la prima, que es lo que realmente se negocia. El precio de la opción o prima tiene dos componentes. Una de ellas es el valor intrínseco, que viene determinado por la diferencia del subyacente en el mercado y el precio de ejercicio. Es decir, es lo que vale la opción si se ejercita en ese momento. De esta manera, siempre su valor se conoce.

El otro componente de la prima es el valor extrínseco, que también se conoce como valor temporal, que es la diferencia entre el precio de la opción y el valor intrínseco. Este valor depende del tiempo hasta el vencimiento, del tipo de interés a corto plazo, de la volatilidad y de los dividendos. Estas variables tienen que analizarse de forma conjunta, puesto que puede suceder que el precio del activo subyacente tenga una evolución favorable, pero quede reducido por alguno o varios de estos factores, o viceversa.

Y, ¿cómo se traduce todo esto de una manera más fácil? El precio de la opción call es del activo subyacente menos el precio de ejercicio de la opción. En el supuesto de que el resultado sea negativo, se toma el valor de cero. En las opciones put, el cálculo se hace con el precio de ejercicio al que se le resta el precio del activo subyacente. Si la diferencia es negativa, no tiene valor.

El comprador de opciones solo tiene derechos, lo que supone que sus pérdidas están limitadas a la prima que haya pagado porque el riesgo se ha vendido a un tercero. Sin embargo, el vendedor solo tiene obligaciones y asume la posibilidad de tener que soportar pérdidas ilimitadas, a pesar de que siempre cobra la prima con independencia de que se ejerza o no la opción y de las pérdidas finales que se puedan producir al haber comprado el riesgo a otro agente.

Futuros

Los futuros son otro tipo de productos derivados. Bajo esta denominación, hay un contrato en el que se ha acordado intercambiar una cantidad determinada de activo subyacente en una fecha futura que se ha fijado y con un precio que se ha acordado.

En la actualidad, en España, pueden negociarse contratos de futuros sobre mercaderías como el aceite de oliva y sobre activos financieros como, por ejemplo, futuros sobre el IBEX 35, Mini IBEX 35, bono a 10 años y acciones.

Las características generales de cada contrato están sometidas a autorización por parte de la CNMV, mientras que las características particulares son las que determinan cómo se va a realizar la liquidación de pérdidas y ganancias.

En todos los contratos de futuros que se negocian en el MEFF hay una liquidación diaria de pérdidas y ganancias. Es decir, el MEFF hace un cálculo de los beneficios o pérdidas para la posición del cliente, comparando el precio fijado en el contrato y el precio del mercado del subyacente del contrato. El resultado se abona o carga en la cuenta del inversor.

En este tipo de inversiones, el comprador de futuros adopta lo que se llama una ‘posición larga’. Esto implica que tiene derecho a recibir el activo subyacente al vencimiento del contrato. No obstante, también está la opción de cerrar la posición en el mercado antes de que se produzca ese vencimiento vendiendo futuros, es decir, se realizaría una operación contraria.

Por su parte, el vendedor de futuros adopta una ‘posición corta’ y se compromete a entregar el subyacente al vencimiento por el precio que se ha determinado de antemano en el contrato, aunque igualmente tiene otra alternativa: está la posibilidad de deshacerse de esta posición realizando la compra antes del vencimiento.

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